Mi Abuela

En la foto, mi abuela María Ramírez Bravo se encuentra frente a su casa, sonriendo al verme llegar. Se acerca mientras bajo del bus y recibo mi equipaje. Detrás de la casa de mi abuela, se extiende la interminable montaña.

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Al frente, cruzando el camino, se extiende un terreno llano, con un pequeño declive donde, a veces cerca y a veces lejos, los campos se encuentran con las aguas del río Mataquito, que serpentea hasta llegar al mar.

A un lado de la casa, hay un camino que lleva al lugar que llaman plaza, donde se encuentra con otro camino que sigue la curva del cerro. Ambos caminos se cruzan.

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Uno sigue el curso del estero hacia el cerro, y el otro continúa la curva hasta los bosques, más allá de las últimas casas de ese rincón. Frente a la casa, pasa la carretera que une la ciudad de Curicó con su área costera.

Mi abuela vive en una tierra de orillas. A orillas del camino que pasa por el frente. A orillas del camino que va hacia la plaza, que separa la casa de la escuela y el centro comunal. La otra orilla, al lado opuesto de la casa, bordeando un jardín, la marca el estero que trae agua desde los cerros.

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La vida de mi abuela ha sido a orillas del mar, del río, de los cerros, y de los caminos. Fue criada a orillas del mar, donde jugaba descalza en la espuma del agua salada. Mi abuela creció en un lugar donde la gente pesca y recolecta en las rocas erizos, piures, picorocos, cholgas y caracoles, y machas en las arenas. Esa es también la orilla donde regresan los pescadores.

Frente a la casa de mi abuela, cruzando la carretera de piedra y tierra, se encuentran los campos de don Tito, donde crecen papas, lentejas, maíz, garbanzos y arvejas. Las limpias, las cosechas y las trillas se suceden en estos campos que encuentran sus orillas en el río. A orillas del mar celebran quienes viven en las orillas del río y quienes bajan de los cerros, en la costa donde festejan y bailan.

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Estas orillas son espacios donde la vida se entrelaza; son lugares donde las personas, plantas y animales se entrelazan entre sí y con el entorno. En ciertas épocas del año, la niebla sube desde el mar hacia el río y se disipa por la mañana cuando calienta el día. En esos días, todo amanece mojado por el rocío. En estos días, la niebla y el rocío crean una orilla que nos deja entre la tierra y el cielo.

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